Cuando se vive desde el amor es inevitable sentir TU verdad
- adri23paola
- 11 sept 2025
- 2 Min. de lectura
El poder de sentir
Ese mismo amor que es compasivo y empático, también te permite, desde esa misma empatía, ver lo que está, aunque con palabras se esconda.
La misma energía que te permite observar más allá de lo que tu comprensión revela, muestra hasta lo que no quieres ver. Sentir es inevitable, y entre más lo resistas, más sensoriales se harán tus emociones.
Algunos dicen que la vida sería aburrida sin emociones, y concuerdo. Porque cuando no queda nadie, estás tú con esas sensaciones. Cuando crees estar en una rutina aburrida y predecible, son esas emociones las que le dan color a tus días… o las que los nublan.
La dualidad de las emociones
Lo bueno de sentirte triste, abrumado, ansioso, desilusionado, molesto, frustrado o confundido es la certeza de que esa energía puede transformarse en un propósito mayor. Puedes crear desde la vulnerabilidad y desde el sentimiento.
Lo otro bueno es que, al otro lado de todo eso que sientes, también existe otro espectro de emociones… y en algún momento también se manifestarán.
Los momentos felices los atesoro en mi corazón. Aún aprendo a recordarlos sin desear revivirlos, pero los recuerdo más vívidos que los días oscuros. Todos tienen algo en común: hay algo en esa memoria que ya hoy no está.
Para bien o para mal, lo hermoso de lo bueno es que es efímero y transitorio… así como lo “no tan bueno”. En el fondo, ambos momentos comparten lo mismo. Aveces pienso que el hecho de que ya no está es lo que me hace recordarlo con tan distinguida nostalgia.
Lo evitamos o lo creamos
Entonces, ¿la solución para los momentos completos, llenos y emocionantes es cuidar y preservar… y para los momentos oscuros es remover y caminar?
Puede ser. Una cosa no garantiza la otra, pero sí la valoración de lo que hoy disfrutas y la aceptación de lo que hoy sufres. Eso puede marcar la diferencia entre las acciones que decides tomar desde ese punto de partida.
Quizás necesitamos hacer más y hablar menos.
Quizás necesitamos sentir más y evadir menos.
O, a lo mejor, simplemente necesitamos pausar más… y lanzarnos menos.





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